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diario de una empleada pública argentina

larita (arteche) y la puta que te parió

Yo estoy sentada en mi escritorio, manos en el teclado, dedos en actividad, mirada fija en la pantalla, y pasa Larita. Me dice Larita:

_Hola, Mora, ¿cómo estás?

Le respondo, a Larita, casi sin mover la cabeza, con las manos en su lugar y sin ningún gesto que pueda manifestar interés alguno en traspasar la formalidad de contestar a la pregunta concreta: "cómo estás":

_Bien, gracias.

_Yo también, continúa Larita. Mirá, ayer estuve con unos amigos en la casa de mi prima, Mónica, la hija de la hermana mayor de mi papá...

Y continúa un monólogo interminable, insoportable, lleno de ables y detalles que le pueden resultar de gran interés a Larita pero a mi me importan un poco menos que entender el motivo por el cual cuando nieva en Esquel a mi se me quiebra la uña del pulgar izquierdo. En qué momento formulé yo la pregunta "¿y vos?", a ver, que alguien me lo diga. Yo dije, lo recuerdo perfectamente, "bien, gracias"". Y aunque puede que la mayoría de las veces bien gracias sea la antesala de la re pregunta ¿y vos?, yo jamás avancé hacia la re pregunta. Sencillamente porque, y tomá nota si queres:

-no tenía ganas

-no me parecía

_ no se me cantó

- carecía de interés

-es lo último que me importa en la vida

Por qué carajo, entonces, la señorita Lara se cree con derecho a contarme la mitad de su vida que, bien para joderme mi lunes huraño y silencioso, se le ocurrió vivir justo este fin de semana. Yo le conté a Larita lo que hice durante el finde? No, solo respondí que estaba bien. Ni siquiera le dije que estaba mal, lo cual la habría habilitado a preguntar por qué... Para eso afirmé que estaba bien, porque nadie le pregunta a uno "así que bien, y por qué, hija de puta, se puede saber por que carajo estás bien?" Entonces, Larita, linda, bonita, cosita de mamá, si necesitás hablar con alguien, que alguien te escuche y no tenés una amiga que te preste al hombro o un amigo que te suplique que te calles, avisá por correo interno que hacemos una vaquita y te pagamos el sicólogo. Total, juntamos guita para tanta boludez, para prestarte una oreja a vos, y salvarme a mí del colapso nervioso, también lo podemos hacer. No pasa nada, seguro que para un par de sesiones alcanza.

 

no tengo paz

Si hay algo que no soporto, entre muchas cosas que no soporto de mi laburo, es que mis compañeros pretendan que porque ellos están al pedo, yo tenga que estar indefectiblemente al pedo. No digo que nunca estoy al pedo, aunque cuando estoy al pedo, no estoy del todo al pedo porque estoy haciendo otras cosas que son al pedo si nos referimos estrictamente al campo laboral, pero si lo pensamos en términos más amplios, mis tiempos al pedo en el laburo son los más fructíferos de todos los tiempos que paso allí. Pero no señor, el tipo está al pedo y entonces yo tengo que estar dispuesta a absorber todas las pelotudeces que esté ávido de compartir conmigo. Y, no conforme con ello, también pretende que le agradezca su generosidad de prestarme una porción de su mundo. Yo no voy a entrar en valoraciones, siempre subjetivas, de si son pelotudeces interesantes o pelotudas, porque no estoy al pedo, tengo cosas que hacer, trabajo que terminar, llamados que realizar, datos que cotejar, hijos que controlar, hermanas que torturar, jefes que conformar… Cuestión que el chabón ni siquiera puede esperar que termine de acomodar mis bártulos y mi humanidad (hay que recuperar la silla, limpiar el escritorio, traer el teléfono, encontrar un hueco donde colgar el abrigo, recuperar la llave del baño, conseguir el papel higiénico porque si no después, cuando ya no aguanto las ganas de mear, no me da el tiempo) que ya empieza a darme papeles para leer, auriculares para escuchar, galletitas para comer, test para descifrar. Yo pongo la vista firme en la pantalla e intento continuar con lo mío, le pongo grande la pantalla y hago mucho ruido cuando golpeó el teclado para que vea que estoy trabajando, pero al tipo no le importa y dale que va. Lo peor es que cuando no comento el texto que me leí, el audio que me escuché, el cuadro que contemplé y la talita grasienta que me morfé, el chabón suspira: “¿Qué tendrás que estás tan apagada, Lucecita?" El tipo cree que si no tengo ganas de tenerle la vela es porque estoy deprimida. Y cómo me deprime que alguien considere que es tan perceptivo como para darse cuenta si estoy bien o estoy mal por cómo leo o dejo de leer las pelotudeces que tenga para endosarme. ¿Tan difícil es entender que hay que respetar el espacio del otro, el tiempo del otro, el lugar físico de otro, el espacio aéreo del otro? No basta con que escuche la música que me pone que también tengo que festejarle que me ponga una música que yo no le pedí, que no tengo particular deseo de escuchar, que no me va ni me viene. No hay nada que hacer, la convivencia mata y en cualquier momento yo me convierto en “convivencia” porque lo voy a matar.  

sitio restringido

Lo primero que les quiero contar es que este diario no es realizado en horario de trabajo. No porque sea decente, que ese atributo lo perdí junto con la cintura y la paciencia, y considere que lo único que hay que hacer en el laburo es laburar, sino porque el autoritario, ineficaz e inútil jefe máximo que me supe conseguir, gracias al voto pedorro y tilingo de muchos de ustedes, ha mandado bloquear todo. Está tan bloqueada la internet de mi laburo que ni siquiera podemos acceder a los sistemas informáticos que crearon para que podamos trabajar. Y bueh, gente que cree que la mejor manera de que uno trabaje no es dándole órdenes claras, objetivos concretos y una buena remuneración, sino bloqueándole la salida a celulares y el acceso a internet. Desconocen que, entonces, los que no laburan, porque nadie les dice que se les paga para trabajar, juegan al solitario. Y que si me bloqueás la máquina para que tarde en entrar a mi casilla de correo, y con esa estrategia desalentar mi necesidad de mirar mi correo, estás equivocado porque voy a perder más tiempo intentando abrir mi correo pero mi correo, chabón pelotudazo, lo voy abrir, que te quede claro. Tienen la guerra más perdida que los antipiratería. ¿Te cumplo con el trabajo o no te cumplo? Eso es lo único que te tiene que importar, pedazo de infelí'. Después si me como los mocos o necesito mascar chicle para lograr los ojetivos (que son como objetivos pero pensados para el ojete) a vos qué carajo te importa. Eso sí, los ñoquis cuentan su salario mientras toman mate y navegan por internet desde su casa, total nadie les pide, siquiera, que tengan a bien ir a trabajar alguna vez.