Blogia
diario de una empleada pública argentina

dios los cría y el Estado nos amontona

para resistir en el universo municipal hay que tener nervios de acero y clonazepan extra en el botiquín de primeros auxilios: las remuneraciones deberían incluir rivotril y las partidas presupuestarias también. pero mientras intentes ser habitante de ese mundo sin consumir paz química, los nervios, el sentido común y el de la contención de los instintos estarán siempre al borde de perderse. uno navega entre la cordura y dos certezas vasculantes

a) que en cualquier momento perderás el sentido de realidad

b) que más tarde o más temprano te convertirás en un verdadero municipal.

Ambas certezas te conducen a una conclusión inequívoca: ni siquiera calificás como verdadero municipal. ¿qué soy entonces?

se trata de preguntas de una profundidad vital. a menudo te descubrís haciendo cosas que no deberías hacer y más a menudo todavía,  mientras te encontrás en un sitio donde todo parece organizado para que te pierdas, notás que uno o más de tus compañeros, ya recibido de municipal (o nacional, el tema es el Estado como figura empleadora) te mira como diciendo “ya vas a aprender”. Ayer, sin ir más lejos, una inspectora me dijo:

_ ya entenderás que para resistir en un lugar como éste tenés que hacer lo mínimo necesario porque si hacés más, nadie lo valora.

_ ¿y si hacés menos?

_ nadie se da cuenta.

_ ¿y si no me sale hacer lo mínimo o menos?

_ sentate a esperar que ya te va a salir.

 

el equilibrio en una reparticion estatal es dificil de alcanzar pero lo más complicado es mantenerlo. si hacés lo que tenés que hacer, te sentís al pedo porque, generalmente, son cosas que no sirven para nada; si hacés lo mínimo, que sería presentarte en el lugar de trabajo y cumplir el horario estipulado, te sentis un ñoqui de papa y si hacés más de lo que te corresponde te sentís una boluda importante. esto lleva a pensar, si es que todavía conservás esa mala costumbre, que definitivamente no es bueno perpetuarse. Deberían sancionar una ley que prohiba la permanencia de cualquier mortal en un lugar público, entendido público como sinónimo de estatal (porque nunca falta el purista que aclara que público también es un banco, como si laburar en un banco no fuera igual de peligroso que hacerlo en una dependencia del Estado) por más de cuatro veranos. en el tercer año los vicios se empiezan a adherir a la corteza cerebral y el germen de la impunidad, esa cosa de no considerar malas aquellas acciones que hasta ayer nos parecían tremendamente perniciosas o que todavía hoy, si las realizan otros, nos resultan deleznables, se va acomodando en tu adn. Tampoco asientas con la cabeza porque 1) seguro que no sos empleado municipal 2) también hay privados con el sentido de la impunidad más desarrollado que el ego, bástese mirar a macri para ejemplificar lo que digo. Pero el tema es que siendo municipal resulta impensable zafar de esa condición, siempre en diferentes grados, por supuesto, que no es lo mismo llevarse una resma de papel porque “total los políticos se la llevan toda”, que hacer desaparecer expedientes a cambio de dinero.

digamos que yo estoy en salita de dos y todavía me sorprendo de algunos códigos. el otro día nos lamentábamos con uno de mis compañeros de la tarde y nos pusimos a observar la fauna desde atrás, una panorámica que te digo… da para saltar al vacío con miedo de que esté lleno. de pronto nos empezamos a reír y le digo, al tiempo que me dice:

_ ¿no seremos iguales solo que no nos damos cuenta? ¿no será que ellos nos miran y ven lo mismo que nosotros vemos en ellos? ¿no será un espejo de en serio?

y nos corrió un frío por la espalda que no sé para qué andamos pidiendo aire acondicionado con tanto ahínco. raúl, el amigo de la tarde, y yo solemos quedarnos últimos en la repartición y, como dos boludos contratados, nos tomamos el laburo de recorrer compu por compu comprobando que otra vez las dejaron prendidas, apagando monitores, ventiladores, impresoras, luces… energía no renovable, que le dicen. cerramos ventanas, salvamos equipos de la intemperie. a veces se nos da por seguir con los interrogantes absurdos y nos preguntamos por qué nos tenemos que andar ocupando de recursos de los que nadie se ocupa, ni siquiera el que cobra específicamente para ocuparse, pero es más fuerte que nosotros y dejamos las cosas a salvo. Lo difícil de este tipo de situaciones es el manejo de la autoestima porque o te sentís un boludo o te sentis una mierda. Siempre terminamos explicando que uno no puede ir en contra de su esencia.

_ ¿esencia de vainilla, raúl? ¿cuál será nuestra esencia? ¿seremos esencialmente pelotudos?

la nuestra es una reparticion que no tiene seguridad porque el jefe superior debe tres meses, parece que tuvo que pagar las expensas y no le alcanza para la seguridad privada. de modo que las puertas permanecen abiertas y puede entrar cualquiera que nadie le va a preguntar qué necesita. ¿o acaso vos le preguntás a los chorros qué necesitan? Resulta insólito que aún no hayan desmantelado el lugar y lo escribo hoy porque nos estamos mudando así que ya no habrá posibilidad de atracos, ahora los atracos se van a provocar afuera de la dire porque adentro no quieren llegar ni los ladris, pero eso es tema para otro post.

lo peor es que muchas veces nos preguntamos, cuánta inquietud que provoca este trabajo, san expedito, si seremos responsables de los objetos que están ahí. cuando desaparece algo a los primeros que piden data es a nosotros, claro porque somos los últimos en irnos. esa idea de que para ser chorro hay que quedarse en el segundo turno es medio ridicula, pero ahí de medio ridículo para arriba tenés todos los niveles hasta llegar al absurdo puro.  no sé, a la vez, como te digo una cosa, te digo la otra, hay empleados estatales que laburan y hay empleados estatales que laburan mucho. tenés el tercer grupo de empleado estatal: el que no trabaja ni en pedo. y un cuarto tipo que ni labura, ni va al laburo, ese ya es el ñoqui vip que encima que no viene, cobra viáticos por no venir. tenés que ver a uno de la subdivisión de los que van pero cuando quieren, no laburan pero se quejan, se quejan y se piden el día por lo que la queja les afecta, pidiendo que le reconozcan la nocturnidad. corresponden 100 pesos mensuales más por trabajar hasta tarde, pero este pibe como es tarde se va antes, o sea se va cuando todavía no es tarde, ¿entendés? trabaja dos horas porque si no se le hace tarde y de esas dos horas que trabaja, no trabaja, yo sé que es complicado de asimilar, pero es así. y el tipo tiene tal desparpajo que va y putea si le quitan la nocturnidad. si no te quedas ni siquiera hasta la diurnidad, papi, no podés ser tan mierda de reclamar. ese es el que a donde te dormís, te vela. ya el viático del ñoqui que ni viene al laburo es para caerse y no levantarse, no si en la municipalidad todo el año es carnaval y los días de carnaval, no laburamos.

lo que hay que reconocer es el talento del que hace la selección. diganmé quién hace el casting de esta peli porque es brillante, un grupo de enfermos que ni que lo veas lo podés creer. a veces dudo: ¿es un laburo o un centro de rehabilitación? Somos como una colección remaxterizada de los que perdimos la fe y no queremos volver a encontrarla, como un atajo al infierno, un camino de vuelta pero sin ida. una cosa que tenés que estar ahí para comprenderla, lástima que cuando llegas es porque perdiste la capacidad de comprension. corrijo, cuando llegás es porque perdiste la capacidad. punto. o, peor todavía: cuando llegás es porque perdiste...

0 comentarios